ene 21, 2010

Extraviado derecho al humor. Se ofrece recompensa.

Parece imposible que suceda, pero se dan casos. Hace semanas que me noto diferente, sobre todo, de nueve a siete,  de lunes a viernes, para ser más exactos.

Sonrisa forzada, falta de apetito (eso si que es extraño), mirada desquiciada y, ¡horror!, ausencia de buen humor. Me ha ocurrido a mí también!!!

Compañeros de otros departamentos y conocidos de diversas empresas me comentaron su experiencia, pero pensé que estaban exagerando. Y al final lo he sufrido en primera persona. Solo hay que parar quince minutos a media mañana y acercarse al office para tomar un café. Resulta complicado encontrar las escenas antaño cotidianas del descanso del cigarrito,  las risas por el modelito “cómo ha entrado ahí?” de la secretaria de dirección, o por el flequillo a lo José Oneto del carcamal de control de gestión “no pasa el tiempo por mí ni por mi cabellera”.

¡Qué tragedia! “Seriedad para salir de esta situación”, he oído decir por los pasillos. El café se toma en la mesa de cada uno y dos visitas al baño como mucho. Nos van a poner un contador en el asiento como los de tráfico para la operación salida?

 ¿Será una nueva técnica de motivación por parte de la dirección? Parece que no está dando los resultados esperados, por lo menos a corto plazo. O igual si, y comienzan las rebajas… de empleados. Claro que no coincidimos en la pausa de la mañana, si despidieron hace dos meses a Fulanito porque “solo” tenía cinco jefes. Y Menganito no pasó del verano; además, venía de la luna de miel y le regalaron la “carta de libertad”, como a los futbolistas. Qué más se puede pedir, si incluso puede prolongar el viaje de novios?

Ante todo y sobre todo, decir que me gusta mi trabajo. Y eso siempre es una ventaja. Más aún en los tiempos que corren y la escasez de oferta actual y futura, que el panorama es realmente desalentador. Pero también tendríamos que dejar claro que el derecho al humor es algo de lo que no nos pueden privar. O eso me parecía antes de estas últimas semanas.

Si hasta me han dado los dos últimos bolígrafos que necesitaba de segunda mano, en un  clarísimo alarde de tocamiento de calabazas,  con la consiguiente frustración por no poder “caparlos”. Estarían en el “cementerio del material de oficina”, esa caja de cartón gigante, guardada en un armario gris, donde todo el mundo deja lo que no quiere: gomas de borrar mordidas, bolígrafos sin tapa, grapadoras prehistóricas, cajas de clips… porque, ¿quién usa las cajas de clips? Si son como el chiste de las gallinas: las que entran por las que salen, los que te llegan por los que sueltas. En fin, estaré algo despistado… o falto de humor.

Por eso mismo seguiré buscando por los pasillos, bajo las mesas, en los cajones, en el departamento de RR.HH., o donde sea, que no se acostumbra el cuerpo a tener la cara de una seta en un campo de cabras que lleva puesta desde hace algunas jornadas. Si alguien quiere ayudar, puede enviar pistas o sugerencias a este mismo blog, a ver si nos alegramos unos a otros con curiosidades y anécdotas varias.

En cuanto a la recompensa, qué mejor premio que devolverle la sonrisa a unos cuantos “pobres de humor” como los que ya han empezado a circular por el panorama empresarial. No voy a decir que esto cure la epidemia, pero algo ayuda, ¿no creéis?

 Pues a ejercer el derecho al humor se ha dicho!

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